La causa de Julia Greeley rumbo al Vaticano

Denver podrá tener pronto su primera santa. La fase diocesana de la investigación sobre las virtudes de Julia Greeley fue clausurada el pasado 10 de agosto y ahora el paso a seguir es llevar toda la documentación al Vaticano.

Desde que el tribunal diocesano de la arquidiócesis de Denver comenzó la investigación en diciembre del 2016 para el proceso de canonización de Julia Greeley, se entrevistaron a 25 testigos que dieron su testimonio, y se reunieron miles páginas de documentación.

¿Quién fue Julia Greeley?

Nació siendo una esclava en Hannibal, Missouri. Se desconoce el año de su nacimiento pero es entre 1833 y 1848. Perdió un ojo cuando su madre estaba siendo golpeada y el látigo le pego a ella en lugar de su madre.

Después de convertirse en una mujer libre y mudarse a Denver, caminaba por las calles ofreciendo ayuda a los pobres. Visitaba un viernes al mes unas 20 estaciones de bomberos donde distribuía estampitas del Sagrado Corazón de Jesús.

Sus restos evidencian que ella sufría de artritis en sus pies, manos, espalda y cuello. Julia no dejó que su dolor le impidiera seguir llevando colchones por los callejones a quienes estuvieran en necesidad.

Además un análisis forense realizado el año pasado confirmó que Julia caminaba coja, que no tenía cartílago en su rodilla derecha. Mientas ella caminaba, estos iban rozando uno con el otro y se iban desgastando cada vez que ella se agachaba por los callejones de Denver llevando comida, medicinas y ropa a los pobres.

Rumbo al Vaticano

La clausura de esta causa se llevó a cabo con una misa, presidida por el arzobispo de Denver monseñor Samuel Aquila en la capilla Christ the King del seminario St. John Vianney.

Durante la sesión de clausura, los documentos fueron sellados en la presencia del tribunal diocesano precedido por el arzobispo Aquila.

David Uebbing, vice-postulador para la causa de beatificación y canonización de la Sirva de Dios, llevará un total de 11,750 páginas de documentos a Roma el próximo mes.

Estos documentos fueron unidos a mano, con cinta y sellados con cera, en 36 volúmenes. Después, se colocaron en cajas que llevan el sello de la oficina de Missio Pastoralis Postulation.

“Transportaré los documentos desde Denver a Roma y la próxima vez que sean abiertos será en las oficinas de la congregación para la causa de los Santos del Vaticano”, dijo Uebbing. “Junto al doctor Waldery Hilgeman, el postulador romano para la causa de Julia, presentaré los documentos, y serán aceptados oficialmente”.

Una vez sean abiertos los documentos, comenzará la fase romana de la causa de canonización de Julia Greeley.

Durante su homilía el día de la sesión de clausura, el arzobispo Aquila llamó a los asistentes a esforzarse a servir a Jesús con todo el corazón, como lo hizo Julia, quien “puso a Jesús primero, y lo hizo silenciosamente”.

“Su servicio desinteresado a los pobres y a los bomberos es un verdadero ejemplo de amor como el de Cristo”, dijo.

“Ese es un gran testimonio de lo que significa ser un servidor y también ser un discípulo misionero”, añadió. “¿A cuántas personas llevó a una relación con Jesucristo? Nadie de nosotros sabemos con certeza; solo Dios lo sabe”.

“Pero sabemos que ella dio testimonio”, mencionó. “y estamos llamados a hacer lo mismo”.

“Animo a los fieles a seguir comunicándose tanto con el gremio de Julia Greeley como conmigo sobre cualquier posible milagro recibido por medio de la intercesión de Julia”, dijo Uebbing, “ya que se necesitarán para la beatificación”.

 

Próximamente: Por un “Halloween” católico y sin fundamentalismos

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Por el padre Ángel Pérez-López, PhD, STL

El padre Ángel Pérez-López es párroco de St. Cajetan en Denver y es profesor de filosofía y moral en el seminario St. John Vianney. Tiene un doctorado en filosofía y un posgrado en teología moral de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

Pregunta de nuestra lectora Aimeé L.: “El Pueblo Católico, ¿nos podrían decir qué dice la Iglesia Católica sobre el Halloween? Porque parece que mucha gente tiene malentendidos. Personalmente celebro, siendo católica… pero si estoy mal me gustaría saberlo”.

La palabra “Halloween” es una contracción de la expresión all hallows eve”, literalmente, “la víspera de todos los santos”. Se trata de una fiesta profundamente católica. Debemos redescubrirla. No caigamos ni en el fundamentalismo que se le opone sin reservas, ni tampoco en la trampa de la comercialización secularizante, que desviste esta fiesta de sus orígenes religiosos y la dota de un significado neopagano.

La cultura celta tenía una fiesta llamada Samhain, literalmente, “fin del verano”. Celebraba el final de las cosechas y el principio del invierno, cuando muchas personas morían a causa del frío. No obstante, Halloween tiene su origen católico hace más de mil trescientos años en la vigilia de la fiesta de todos los santos. Fue instituida por el papa Gregorio III cuando dedicó a todos los santos una capilla en la Basílica de San Pedro en el siglo octavo. Un siglo después, el papa Gregorio IV declaró la fiesta como día de obligación. Además, adoptó la tradición de los católicos germanos y cambió la fecha de mayo a noviembre. Así, la vigilia de esta fiesta pasó al último día de octubre, esto es, a la fecha de nuestro actual Halloween. Ninguno de estos Papas parece haber conocido el Samhain, que dejó de celebrarse antes de que la fiesta de todos los santos fuera instituida, cuando los pueblos célticos se convirtieron al catolicismo.

Coco y el recuerdo de los seres que ya partieron

Ahora bien, ¿es posible que algunos elementos de esta fiesta celta sobrevivan todavía hoy?¡Claro que sí!¡También sobrevivió el árbol de Navidad! Este árbol es una tradición de origen germánico que hemos adoptado en el catolicismo sin que sus paganos orígenes la hagan moralmente mala.

En los Estados Unidos, los puritanos prohibieron y se opusieron a Halloween radicalmente y sin reservas. En cambio, los emigrantes católicos, de origen alemán e irlandés, mantuvieron viva la tradición, pero fusionando algunos elementos de esta fiesta con la de los fieles difuntos. Así, hacían pasteles en Halloween y los niños iban de casa en casa “mendigando” estos pasteles a cambio de ofrecer oraciones por los seres queridos y fallecidos de los benefactores.

Históricamente, la actitud puritana y protestante en contra de Halloween se mezcló con sentimientos anticatólicos en el país. Solo la comercialización de la fiesta consiguió solventar esta tendencia persecutoria. Esta comercialización trajo consigo un fenómeno similar a lo ocurrido con la Navidad. En el caso de Halloween, implicó un olvido de Dios y de los santos como centro de la fiesta. A esta pérdida de sentido religioso, se le une la cantidad de películas de horror que fantasean e intentan dotarla de contenido neopagano, tétrico y ocultista.

Como católicos, no podemos caer en el error de los fundamentalistas y despreciar una tradición netamente católica, simplemente, porque su comercialización la ha vaciado de su verdadero contenido y la ha transformado en una posible ocasión para lo tétrico y oscuro del neopaganismo. No despreciamos la Navidad, sino que luchamos por mantener vivo su verdadero significado. Hagamos lo mismo con Halloween. No es la fiesta del demonio. No hace falta cristianizar, o cambiar de nombre, una fiesta que ya es católica de suyo. Por tanto, se puede celebrar Halloween teniendo presentes sus orígenes y evitando errores como la superstición, la brujería o la glorificación del mal.

Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

La superstición es un exceso y perversión de la religión (véase Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2110) del que tenemos que purificar la fiesta que venimos explicando. Por ejemplo, algunos emigrantes irlandeses dotaron a Halloween de un contenido supersticioso y contrario a la fe al fusionarla con una fiesta que ellos se inventaron: “el día de todos los condenados”. Temían que algo malo les ocurriría si no celebraban también a los condenados y estos se sentían excluidos. Un Halloween católico y sin fundamentalismos no puede caer en un error como este; y, como sabemos, nuestra comunidad hispana no es ajena al problema de la superstición. A veces, también caemos en este error “cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2111).

Un Halloween católico tampoco puede promocionar la brujería. No existe la magia buena y la magia mala. Toda magia atenta contra Dios, entraña una rebelión contra Él y un intento de suplantar su lugar: “todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2117).

No a la lectura de cartas, espiritismo o supersticiones

Celebremos Halloween sin olvidarnos de Dios y de los santos. Los padres de los niños son los que tienen que tomar las decisiones concretas de cómo educar a sus hijos atendiendo a las circunstancias de su vecindario. No obstante, siempre y cuando se evite la ocasión de la superstición, la brujería o la glorificación del mal; que un niño se disfrace y pida caramelos, en mi opinión, no conlleva necesariamente, o de suyo, ningún mal moral. No caigamos en la superstición. No atribuyamos importancia mágica a una práctica legítima. Podemos tomar ocasión de esta fiesta para enseñar a nuestros hijos a celebrarla sin fundamentalismos y de una manera católica, al mismo tiempo que éstos se divierten, sin pecar y sin caer en el neopaganismo.

 

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