Retiro para catequistas: “Compartiendo la Luz del Evangelio”

Biblia y rosario

El próximo sábado 24 de agosto se llevará a cabo el retiro para catequistas “Compartiendo la Luz del Evangelio”, con la finalidad de acercar a los catequistas al corazón de Cristo basado en los misterios luminosos del rosario.

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En octubre del 2002, el Papa Juan Pablo II, presentó la carta apostólica Rosarium Virginis Mariaee, donde añadió los misterios luminosos al rosario, con la intención de contemplar el trance de la vida pública de Cristo desde su bautismo hasta su pasión.

Es así que se han elegido los misterios luminosos del rosario como tema principal del retiro, en donde los asistentes tendrán la oportunidad de enfocarse y profundizar en los tres años de la vida pública de Jesús.

“Cuando volvemos a redescubrir ese tesoro escondido, o esa perla fina de la que habla san Mateo, describiendo el Reino de Dios, (Mt 13, 44-46), podemos transmitir mejor el mensaje a quienes catequizamos o evangelizamos”, dijo Linda Platt una de las presentadoras del retiro, a El Pueblo Católico.

Linda Platt, estudió la maestría de Teología Bíblica y se graduó de la Escuela Bíblica Católica de la Arquidiócesis de Denver. Ha participado en clases que ofrece el Centro San Juan Diego y actualmente apoya a nuestra comunidad dando clases de estudio bíblico en español y castidad para jóvenes en la parroquia St. Augustine de Brighton.

Para Linda, la meditación sobre los misterios luminosos puede ayudar a los catequistas a dar más fruto en su misión de catequesis y evangelización.

“Nuestra fe debe seguir creciendo cada día. Es por eso que, en la meditación de los misterios luminosos, podremos percibir más palpablemente la riqueza que Dios nos ha dejado en sus sacramentos, y el llamado que Dios nos hace a la conversión y a cumplir sus mandamientos”, dijo.

Los catequistas son una parte fundamental de la Iglesia Católica, siendo los elegidos por Cristo para llevar su Evangelio a los corazones que les han sido confiados en su ministerio, compartiendo su testimonio, su ejemplo y enseñanza catequesis.

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El retiro “Compartiendo la Luz del Evangelio”, es una oportunidad para que los catequistas puedan seguir formándose de una manera que logren servir mejor a Dios y ser partícipes de su vida divina.

“Debemos llenarnos más de Cristo para poder reflejar Su rostro. Estamos llamados a ser portadores de luz, a compartir la luz que hemos recibido en el Bautismo. El Espíritu Santo nos ayuda a contemplar estos misterios, que hablan de la riqueza contenida en los sacramentos”, agregó Linda.

Así mismo, Linda Platt aprovechó la oportunidad para pedirle a los catequistas escuchar el llamado y aceptar la invitación personal de Cristo a este retiro.

 “Mientras más nos llenemos de Cristo, más podremos reflejar su rostro y más eficaz será nuestro apostolado”, expresó Linda.

El retiro “Compartiendo la Luz del Evangelio” se llevará a cabo el sábado 24 de agosto de 9 a.m. a 3 p.m., en la Arquidiócesis de Denver, salón 123.

El costo es de $15 dólares por persona e incluye almuerzo.

Los catequistas que deseen asistir a este llamado de Cristo pueden inscribirse en línea haciendo CLIC AQUÍ.

Próximamente: Descubriendo a Dios en todas las cosas

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Por, obispo Robert Barrón.

Sin duda alguna, existe un énfasis dentro de la tradición bíblica de que Dios es radicalmente otro:

“Cierto, tú eres un Dios oculto, el Dios de Israel, salvador” (Isaías 45:15) y “Pero mi rostro no podrás verlo, porque nadie puede verme y segur con vida (Éxodo 33:20)”.  Esto habla sobre el hecho de que el que creó el universo entero de la nada, no puede ser él mismo, un elemento dentro del universo, uno junto a los demás.

Pero al mismo tiempo, las Escrituras también atestiguan la omnipresencia de Dios: “Se propaga decidida de uno al otro confín y gobierna todo con acierto (Sabiduría 8:1) y “¿A dónde iré lejos de tu espíritu, a donde podré huir de tu presencia? Si subo hasta el cielo, allí estas tú, si me acuesto en el Seol, allí estas.  Si me remonto con las alas de la aurora, si me instalo en los confines del mar, también allí tu mano me conduce, también allí me alcanza tu diestra (Salmo 139: 7-12).

Esto habla del hecho de que Dios sostiene el universo en existencia de un momento a otro, de la misma manera que un cantante sostiene una canción.

Quizás lo que es la característica definitoria de la espiritualidad asociada con San Ignacio de Loyola- “encontrar a Dios en todas las cosas”- fluye de este segundo gran énfasis bíblico.  A pesar de su trascendencia, Dios no debe considerarse distante en ningún sentido convención de termino, ciertamente no en la forma deísta.  Más bien, como lo enseñó Tomás de Aquino, Dios está en todas las cosas “por esencia, presencia y poder”. Y ten en cuneta que, dado que Dios está dotado de intelecto, voluntad y libertad, nunca esta tontamente presente, sino siempre personal e intencionalmente presente ofreciéndonos algo de si mismo.  Por lo tanto, la búsqueda de Dios puede comenzar aquí, ahora mismo, con lo que este a la mano.

Una de las preguntas en el antiguo Catecismo de Baltimore era “¿Dónde está Dios?”.  La respuesta correcta fue “en todas partes”.  Una vez que la verdad se hunde, nuestras vidas cambian irrevocablemente cada persona, cada evento, cada pena, cada encuentro se convierte en una oportunidad de comunión con Dios.

El maestro espiritual jesuita del sigo XVII, Jean-Pierr de Caussade, expresó la misma idea cuando dijo que todo lo que sucede es directa o indirectamente, la voluntad de Dios. Una vez más, es imposible aceptar la verdad de esta declaración y seguir siendo la misma persona que eras antes.  Este tipo de bendiciones de “todas las cosas” funciona como punto de partida para la espiritualidad de Ignacio.

He tenido a Ignacio mucho en mi mente, ya que estoy en Europa filmando un documental sobre su vida y sus enseñanzas para mi serie, “Pivotal Players”.  En el largo vuelo de Los Ángeles a Roma, tuve la oportunidad de promulgar el principio que acabo de describir.  Desde que era niño, me han encantado los mapas, por lo tanto, cuando me encuentro en un largo viaje en avión paso mucho tiempo en el mapa del vuelo que rastrea la ubicación del avión frente a los puntos de referencia de la tierra.

Había leído y visto algunos videos durante la primera parte del vuelo, y luego me dormí la mayor parte del tiempo que estábamos sobre el Atlántico, pero cuando desperté, comencé a estudiar el mapa con gran interés. Estábamos pasando justo al norte de Irlanda, y pude ver claramente las indicaciones para Dublín, donde nació el padre de mi madre, y para Waterford, donde nació el abuelo de mi padre. Comencé a pensar en estos hombres, ninguno a los cuales conocí, que tenían una fe católica, la cual llegó a mi madre y a mi padre y finalmente a mí, como pura gracia.

A medida que el avión continuaba su viaje a través de la pantalla, Francia apareció en el mapa y vi el gran nombre de “Paris”. De repente, un montón de recuerdos inundaron mi mente: mi habitación simple en la Casa de Redentorista en el boulevard Montparnasse, Notre Dame, donde solía dar recorridos a los visitantes de habla inglesa, el Institut Catholique donde hice mis estudios de doctorado, mis amigos, maestros y colegas parisinos que me acompañaron durante esos tres años, la belleza de Paris en un día lluvioso. Y todo eso, lo sabía, era gracia de Dios, un regalo puro.

Luego vi que nos estábamos acercando a los Alpes, así que abrí la pantalla de la ventana y miré hacia las montanas nevadas que brillaban al sol.

¿Cómo podría no apreciar esta vista que incontables generaciones de seres humanos ni siquiera hubieran imaginado posible como un regalo esplendido?

En pocas palabras, el simple estudio de un mapa de vuelo hacia el final de un tedioso viaje se convirtió en una maravillosa ocasión de gracia.  Me pregunto si encontraríamos ese tipo de experiencias menos insólitas, reflexionaríamos sobre el hecho de que Dios quiere compartir positivamente su vida con nosotros, quiere comunicarse con nosotros. Quizás el problema es que pensamos en Dios de una manera deísta y lo olvidamos en un lugar de trascendencia irrelevante.  Entonces la carga espiritual recae sobre nosotros, encontrar alguna forma de escalar la montaña sagrada o lo suficiente como para impresionar a un exigente señor moral.

¿Qué pasa si aceptamos la noción profundamente bíblica de que Dios siempre nos esta buscando ocupada y apasionadamente, siempre tratando de encontrar formas de honrarnos con su amor? ¿Qué pasa si aceptamos alegremente la verdad de que Dios puede ser encontrado como lo enseñó Ignacio, en todas las cosas?

 

Traducido y adaptado del original en inglés por Rocio Madera.